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El carnicero australiano que casi se queda con una de las mayores fortunas de la aristocracia inglesa

En 1854, Roger Tichborne, heredero de un baronazgo y de varias fincas en el sur de Inglaterra, desapareció en un naufragio frente a las costas del Caribe cuando viajaba desde Sudamérica. Tenía 25 años. La familia lo dio por muerto casi de inmediato y el título y las propiedades pasaron a su hermano menor y, más tarde, a su sobrino. Pero su madre, Lady Tichborne, se negó a aceptarlo. Convencida de que su hijo seguía con vida, empezó a publicar anuncios en periódicos de todo el mundo, incluida Australia, ofreciendo una recompensa a quien tuviera noticias de él. Doce años después, en 1866, un carnicero de Wagga Wagga, un pueblo del interior de Australia, respondió a esos anuncios. Se llamaba Thomas Castro, tenía un físico corpulento, modales toscos y ni siquiera hablaba el francés que Roger Tichborne dominaba desde niño por su educación en Francia. Aun así, aseguró ser el heredero perdido. Viajó a Inglaterra y Lady Tichborne lo reconoció como su hijo de manera inmediata, a pesar de que casi el resto de la familia lo consideró un impostor evidente desde el primer momento (Wikipedia – Arthur Orton).

El reclamante, como pasó a conocerse popularmente, logró algo que sorprendió incluso a sus detractores: reunió el respaldo económico y público de más de un centenar de personas dispuestas a financiar su reclamación judicial sobre la fortuna y el título Tichborne (Countway Library). Durante el proceso, empezaron a surgir indicios de que el reclamante no era Roger Tichborne, sino Arthur Orton, hijo de un carnicero del barrio londinense de Wapping, que de joven se había embarcado rumbo a Australia y del que no se había vuelto a saber nada (Wikipedia – Tichborne case). El caso se convirtió en dos procesos judiciales consecutivos que juntos marcaron un hito en la historia legal británica. Primero, un juicio civil para determinar si el reclamante era realmente el heredero: el jurado falló en su contra y el proceso se derrumbó a mitad de camino. Poco después fue procesado por perjurio bajo el nombre de Thomas Castro. El juicio criminal, celebrado ante el Tribunal del Banco de la Reina en 1874, se prolongó durante 188 días, una de las vistas más largas jamás celebradas en un tribunal inglés hasta ese momento (Antipodean Books).

El jurado concluyó que el acusado no era Roger Tichborne, sino Arthur Orton, y lo condenó por perjurio a dos penas consecutivas de siete años de prisión. Cumplió diez de los catorce años de condena antes de salir en libertad condicional en 1884 (Wikipedia – Arthur Orton). Vivió el resto de su vida en la pobreza, insistiendo durante años en que realmente era Tichborne, hasta que en 1895 confesó ser Arthur Orton, confesión que después retractó. Murió en 1898, empobrecido. Lo que hizo del caso Tichborne un fenómeno de masas en la Inglaterra victoriana no fue solo la maraña judicial, sino la fascinación popular con la posibilidad de que un hombre corriente pudiera colarse en la cúspide de la aristocracia. El caso inspiró a novelistas de la época y sigue citándose hoy como uno de los ejemplos más extremos de impostura ligada a una herencia en la historia del derecho anglosajón.

El caso Tichborne en cifras​

DatoDetalle
Desaparición de Roger Tichborne1854, en un naufragio en el Caribe
Aparición del reclamante1866, en Wagga Wagga, Australia
Ocupación real del reclamante (según el veredicto)Carnicero, identificado como Arthur Orton
Duración del juicio criminal por perjurio188 días
Veredicto finalNo era Roger Tichborne; condenado por perjurio
Condena impuestaDos penas consecutivas de 7 años (14 en total)
Años efectivamente cumplidos10 años
Año de la confesión (luego retractada)1895

Preguntas frecuentes​

¿Quién era realmente "el reclamante" del caso Tichborne?

Según el veredicto del jurado, se trataba de Arthur Orton, hijo de un carnicero de Wapping, en Londres, que se había marchado a Australia de joven

¿Por qué Lady Tichborne aceptó a un impostor como su hijo?

Nunca se resignó a la idea de que Roger hubiera muerto en el naufragio, y esa negativa a aceptar su pérdida la hizo especialmente receptiva a cualquier indicio de que pudiera seguir con vida.

¿Cuántos juicios tuvo el caso en total?

Dos procesos principales: un juicio civil sobre la reclamación de la herencia, que el reclamante perdió, y un juicio criminal posterior por perjurio, en el que fue condenado.

¿Llegó el reclamante a quedarse con parte de la fortuna Tichborne?

No. Perdió tanto el reconocimiento como heredero como su libertad, al ser condenado por perjurio.

¿Por qué sigue siendo un caso tan citado hoy en día?

Por la combinación de una duración judicial extraordinaria, el respaldo popular masivo que logró el impostor y lo que reveló sobre las fisuras de clase social en la Inglaterra victoriana.